Peio Aguirre
Crítico de arte, comisario independiente y editor


Pilar Acón Segura
Coordinadora de la especialidad Diseño de Producto docente del departamento de proyectos







Marina Fernández Ramos
Docente del departamento de proyectos









Belén González Riaza
Jefa del departamento de relaciones internacionales. Docente del departamento de proyectos.




















Eva Iszoro Zak
Docente del departamento de proyectos














Marta Pastor Estébanez
Coordinadora del Máster en Diseño de Espacios Comerciales y docente del departamento de proyectos









Marisa Gallén
Presidenta Associació València Capital del Diseny
Alba Armada
Docente del departamento de proyectos
José María Canalejas
Docente del departamento de materiales y tecnología








Pierluigi Cattermole
Docente especialista
































José Miguel Celestino Mur
Vicedirector de la Escuela Superior de Diseño de Madrid














Ana Belén Rojo Ojados
Docente del departamento de cultura y gestión del diseño











Fernando Castro Flórez
Julia Oliet Palá
Coordinadora de la formación básica
José María Ribagorda Paniagua
Coordinador de la especialidad de diseño gráfico
Guadalupe Martín Herández
Coordinadora de la especialidad de diseño de interiores
Angelina Gallego Villegas
Coordinadora de la especialidad de diseño de moda
Estrella Juárez Millán
Coordinadora de la especialidad de diseño de producto
Adam Bresnick Hecht
Coordinador del Máster en diseño interactivo
Luis Conde Arranz
Coordinador del Máster en diseño interactivo































































Temas
Tipo
Año
Conversando sobre diseño con Marisa Gallén
Por Marisa Gallén
Presidenta Associació València Capital del Diseny

Hace 35 años que se crearon los Premios Nacionales de Diseño en España y, desde entonces, sólo dos mujeres han tenido tan preciado galardón en la categoría de Profesionales: Pati Núñez (2007) y Marisa Gallén (2019). Marisa Gallén recibió el premio por la coherencia de su trayectoria profesional a lo largo de casi cuarenta años, desde sus inicios en el estudio valenciano La Nave hasta su trabajo actual en el estudio Gallén+Ibáñez, donde desarrolla fundamentalmente proyectos de diseño editorial, de envases embalajes y de identidad corporativa, tanto en la empresa privada como con instituciones culturales. Nos acercamos a ella para hablar de diseño.
Marisa Gallén ha desarrollado su trabajo fundamentalmente en la Comunidad Valenciana, de donde procede y en la que reside. En la actualidad, preside la Associació València Capital del Disseny, que ha sido la institución encargada de preparar la candidatura que ha convertido a Valencia en la World Design Capital 2022.
Su carrera comenzó en una época en la que el diseño maduraba en España, principalmente en el área mediterránea, al amparo de la posmodernidad que triunfaba en Italia y las posibilidades de modernización que producía la entrada de España en la Comunidad Económica Europea, en 1986. Eran momentos de optimismo en nuestro país y Marisa, tras estudiar Bellas Artes, tuvo clara su vocación por el arte aplicado y se involucró en los estudios de diseño que iniciaban su andadura. Fue fundamental su participación en el
colectivo La Nave, buque insignia del diseño valenciano de aquellos años, en donde realizaría sus primeros trabajos en diferentes áreas (industrial, gráfico, textil…) con empresas de prestigio nacionales e internacionales como Gandía Blasco o Alessi. Formar parte de aquel equipo pudo ser “estar en el lugar correcto en el momento adecuado”. De aquel grupo de once socios, solo dos eran mujeres: Marisa Gallén y su amiga y compañera de facultad, Sandra Figuerola. Durante siete años (1984- 1991), trabajaron tanto de manera individual como colectiva junto a sus colegas de La Nave, en un modelo de organización similar al de los actuales coworkings.
Cuando La Nave se desmembró, Marisa y Sandra continuaron trabajando juntas en el estudio Ni, dedicándose ahora fundamentalmente al diseño gráfico. Al mismo tiempo, Marisa, ya en la treintena, iniciaba su labor como docente de diseño en el CEU San Pablo de Valencia junto a otros prestigiosos diseñadores. Eran años en los que el diseño valenciano, al mismo tiempo que buscaba consolidarse en un tejido empresarial que comenzaba a tener sensibilidad por trabajo de los diseñadores, afianzaba su papel en instituciones políticas y culturales. En esta tarea, tuvo un importante papel la Associació de Dissenyadors de la Comunitat Valenciana (ADCV) que se creó en 1985, años en los que se produce el despegue del diseño valenciano. Diez años después, Marisa Gallén se convertiría en la primera y la única mujer, hasta ahora, presidenta de esta Asociación. Perteneció a su junta durante once años, asumiendo un papel de liderazgo en la creación del ecosistema que ha logrado convertir a Valencia en Capital Mundial del Diseño 2022.
El trabajo de Marisa Gallén ha sido mostrado en diversas exposiciones, como la retrospectiva que tuvo lugar en 2016 en la Escuela Superior de Arte y Diseño de Valencia (EASDV) o la celebrada en 2019 en el Colegio de Arquitectos de Murcia (COAMU). En 2002 se publicó la monografía Marisa Gallen y Sandra Figuerola: Diseño y comunicación, a cargo de Rosalía Torrent y Joan Manuel Marín. Son años de reconocimiento, en los que participa como ponente en conferencias, imparte clases en másteres y talleres internacionales y continúa activa como diseñadora y renovadora del mundo del diseño. Actualmente, sigue involucrándose en nuevos retos que tienen que ver con la cultura y la ciudad. El pasado año, comisarió la exposición “Coronacrisis + cultura” patrocinada por la Universidad de Valencia y se ha implicado, a través de diferentes medios, en concienciar y tratar la contaminación visual de las ciudades, tema que le preocupa especialmente.
Vivimos momentos inestables que están provocando transformaciones económicas, políticas y culturales. Son tiempos de reflexión e innovación. Tras la pandemia, el mundo digital avanza a un ritmo acelerado y, por otro lado, vivimos los resultados de una globalización e industrialización masiva que no ha tenido en cuenta las consecuencias negativas que estos
cambios podían traer a nuestro planeta. Se hace necesario un replanteamiento del modelo de producción y de mercado en el que los diseñadores desarrollan su trabajo.
En esta entrevista, Marisa Gallén nos habla de su visión del diseño como activismo, de la evolución del diseño en España y de la enseñanza del diseño, del papel de la mujer y de la relación entre el diseño, el arte, la ciudad, el espacio público y la política.
Te declaras diseñadora activista. ¿Puedes explicarnos cómo entiendes este perfil?
Soy activista en el sentido de que quiero participar en un proceso de cambio de aquello que se pueda mejorar con ayuda del diseño. Me reconozco en el lema “Ni optimista ni pesimista: activista”. Ante el descontento que la realidad me produce no acepto el pesimismo que afirma que nada cambiará, pero tampoco me identifico con un optimismo ingenuo que piensa que el cambio sucederá solo por el hecho de desearlo, me identifico con una actitud dispuesta a provocar/activar el cambio. ¡Por mí que no sea!
¿En qué ámbitos has sido activista del diseño?
En los años 80, estando en La Nave, me involucré con el asociacionismo consciente de que para defender y mejorar esta profesión y, además, ser interlocutor con la administración, es imprescindible cooperar y trabajar juntos. Formé parte de la junta directiva de la Asociación de Diseñadores de la Comunidad Valenciana (ADCV) durante 12 años y fui presidenta entre 1998 y 2001. En la actualidad presido la asociación que ha logrado el nombramiento de Valencia World Design Capital 2022. Presidir esta asociación me está dando muchas alegrías y estoy convencida que puede ser la gran oportunidad para iniciar un proceso que convierta a Valencia en una ciudad más sostenible, más acogedora y capaz de atraer/retener el talento.
El diseño es un aliado imprescindible para crear mejores espacios, mejores productos y mejor rendimiento, sin embargo, siendo realistas, a pesar de este enorme potencial, el diseño sigue ausente en demasiados lugares y negocios. Pero hay señales para el optimismo, en poco tiempo Valencia se ha convertido en referente como ciudad comprometida con el diseño, una reputación ganada por sus antecedentes históricos y por los hitos que recientemente ha liderado.
Aspiramos a que la madurez del diseño valenciano vaya fraguando en proyectos como un centro dedicado a la promoción e investigación del diseño, también estamos negociando un consejo de diseño compuesto por diferentes perfiles profesionales para asesorar en temas de diseño, arquitectura y paisaje urbano a las instituciones locales.
Siento un profundo afecto por esta ciudad que me ofrece la oportunidad de participar en un proyecto tan ilusionante como el nombramiento de Valencia capital mundial del diseño.
¿Cómo explicarías los cambios que, a la luz de la necesidad de una transición ecológica, está sufriendo el diseño?
Europa está dando señales de que se ha tomado en serio la transición hacia la sostenibilidad, las Soluciones Basadas en la Naturaleza, y otras políticas de la Comisión Europea, representan un excelente instrumento para avanzar hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que Naciones Unidas ha definido como marco de referencia global. El diseño, como reflejo del tiempo en el que actúa, también avanza hacia una sensibilidad más social, más centrada en la calidad de vida y el bienestar de las personas que en generar consumo. Si no queremos comprometer los recursos de las generaciones futuras todos nos hemos de implicar, éste ha de ser el siglo de la acción, no hay alternativa.
Fuiste estudiante de Bellas Artes en una época en que la enseñanza en diseño en España estaba apenas iniciándose. En la actualidad, no es raro ver obras de artistas que utilizan herramientas propias de la metodología del diseño y diseñadores cuyo trabajo está cercano al arte (design-art). ¿Cuál crees que es la relación actual entre arte y diseño?
Pienso que la relación actual entre arte y diseño es de respeto mutuo. Sin ser experta en la materia, puedo observar cómo el diseño está entrando en las instituciones del arte y es considerado objeto de estudio y atención por parte de historiadores o coleccionistas. El diseño y artesanía han sido contempladas como artes menores, artes decorativas sin prestigio intelectual, pero esa distinción ha sido cuestionada en determinados momentos, como por ej. en los talleres de la revolución rusa y de la Bauhaus, que aspiraron a la unión entre arte y tecnología. Desde el Pop vemos a artistas que analizan nuestra relación con los objetos o documentan su evolución, pero también vemos a diseñadores que investigan el papel que desempeña el diseño como si fueran artistas. Con frecuencia los límites entre disciplinas no están claros y tampoco creo que importe demasiado. Lo importante es que el diseño no
abandone su propósito de servir a la sociedad a mejorar su calidad de vida.
Realmente la enseñanza del diseño, aunque sea nueva, es heredera de las grandes pedagogías del siglo XX. Estas surgieron en una época en las que los problemas a los que se enfrentaban no eran los actuales. ¿Crees que la enseñanza se ha adaptado a los retos actuales del diseño y a los que están por venir?
La enseñanza del diseño en España todavía no se ha adaptado a los nuevos campos de actuación tales como el diseño de servicios, diseño para la innovación social, la sostenibilidad o los nuevos soportes (videojuegos, interactividad, animación, motion graphics, realidad aumentada…) Otros retos están relacionados con el diseño colaborativo, la perspectiva de género, el metaverso…
Si nos centramos en la enseñanza pública del diseño, comparto la opinión del personal docente de que, además del problema endémico de la financiación, hay factores que determinan esta inadaptación, veamos solo unos cuantos:
→ La rigidez estructural que tienen los estudios públicos de diseño dificulta la adaptación a nuevas realidades.
→ El sistema de funcionariado y el acceso del profesorado a la escuela no solo dificulta el acceso del profesional a dar clases, también dificulta al docente a iniciar o continuar una vida profesional, de este modo escuela y realidad laboral están separadas.
→ El laberinto burocrático, si no impide, al menos dificulta los cambios en los estudios. La legislación a nivel nacional no resuelve los problemas de las enseñanzas y la variada legislación autonómica lo complica aún más.
¿Podrías explicar la evolución que has observado a lo largo de tu carrera en la incorporación de la mujer al mundo del diseño?
Como mujer, me doy cuenta de lo afortunada que soy por vivir en un país democrático occidental que me ha permitido formarme profesionalmente y tener voz… sabemos que esto es excepcional en casi todo el planeta. Dicho esto, pienso que la historia de las mujeres sigue siendo injusta porque admitir que varones y mujeres valen lo mismo no significa lo mismo que aplicar. Para que el valor de igualdad se aplique no hace falta hacer nuevas leyes, las leyes están hechas, tiene que ver con romper inercias y cambiar mentalidades.
Por mucho que hayamos avanzando en el último siglo, los espacios de poder y de prestigio siguen mayoritariamente ocupados por hombres. ¿Por qué los hombres triunfan más? El imperativo de poder y éxito que tienen los hombres para afianzar su masculinidad les obliga a concentrarse en su carrera profesional. A las mujeres se les ha impuesto atender todo lo relacionado con lo doméstico y el cuidado a los demás, lógicamente, esas tareas impiden que toda la energía vaya destinada a la carrera profesional. Hay más garantías de éxito si
focalizas… esta es sin ninguna duda una ventaja competitiva masculina.
Muchas de las mujeres exitosas han debido renunciar a tener hijos o han tenido que hacerlo compatible con el absorbente mundo profesional, por el contrario, la mayoría de los hombres pueden entregarse a su carrera porque disponen de más tiempo para acudir como conferenciantes a congresos, ofrecer cursos o tener disponibilidad para viajar y de este modo dar mayor visibilidad a su trabajo.
Por otra parte, el poder, cualquier clase de poder, veamos: el académico para organizar conferencias, el empresarial para hacer encargos a diseñadores, el mediático para entrevistar y visualizar a diseñadores… está casi siempre en manos de hombres. Ellos siempre han privilegiado al hombre frente a la mujer así que no nos puede extrañar que los elegidos sean
mayoritariamente ellos.
Sin embargo, tras milenios de injusta invisibilidad, los movimientos feministas han logrado que durante el último siglo los papeles de género hayan experimentado una revolución extraordinaria y, aunque la igualdad no está conseguida a todos los niveles, sí existe la conciencia de que la discriminación sexual es injusta, al menos en la cultura occidental.
“¿Estudias o diseñas?”, título que escogiste para algunas de las exposiciones que se han hecho sobre tu obra, se refiere a la explosión del diseño en los años 80 cuando el apelativo “de diseño” se añadía absolutamente a todo, el sobrenombre no ayudó en absoluto a que la gente entendiera qué era eso de “diseño”. ¿A qué crees que es debido? ¿De qué manera crees que ha cambiado la comprensión del diseño de la gente?
En la época en que inicié mi carrera profesional todo estaba por construir y España vivió una explosión de creatividad gracias a unas políticas que impulsaron la cultura con presupuesto y planificación estratégica. Durante el boom del diseño los medios de comunicación abusaron tanto del término que pasamos de tener una actividad completamente desconocida a una actividad archiconocida pero que nadie entendía para qué servía. Como es natural, en contra de este abuso del término circularon chistes y frases hechas como la tan popular “¿Estudias o diseñas?” que me apropié para titular mi exposición en 2016. Un par de años después, el museo del diseño de Barcelona montó una exposición que llamó “¿Dissenyes o treballes?” referida al diseño gráfico producido en un marco temporal similar al de mi exposición… parece que es inevitable evocar aquellos tiempos sin recordar el chiste!
Todos los que estamos implicados en el ecosistema del diseño trabajamos para hacer entender esta profesión y generar conciencia crítica de tal modo que el ciudadano común sepa valorarlo y exigirlo. En este aspecto, poco a poco vamos evolucionando.
En los años ochenta España aspiraba a integrarse en Europa y necesitaba el diseño para conferir eficiencia e imaginación si quería competir con sus productos. En esta década fueron las administraciones públicas quienes lo impulsaron, ya que la cultura del proyecto estuvo ausente en el mundo empresarial porque el diseño era visto como una alocada aventura creativa o un plus estético que solo se aplicaba al final del proceso.
La crisis económica del 93 aceleró un cambio hacia formas más contenidas y muchas empresas empezaron a contemplarlo como elemento fundamental en su estrategia empresarial. También la enseñanza del diseño se reguló en esta década.
Fue a partir de los 2000 cuando la demanda industrial absorbió la mayor parte de los esfuerzos creativos y las instituciones pasaron a un segundo plano.
En la actualidad podemos hablar de madurez del ecosistema del diseño: ya hay varias generaciones de diseñadores trabajando simultáneamente, el diseño resulta familiar para la cultura empresarial y la profesión, mejor o peor, está vertebrada académicamente.
Década a década la percepción social del diseño ha evolucionado y no se ve como un plus estético, sino como una herramienta innovadora que aprovecha todo su potencial si se aplica desde el inicio del proceso.
Uno de los objetivos del conjunto de actividades que se promueven desde la organización de World Design Capital Valencia 2022 es el de acercar el diseño a la ciudadanía. ¿Tenéis fórmulas para valorar el impacto de las acciones que estáis llevando a cabo y los cambios que pueden producirse en la manera en la que la gente entiende el diseño?
Sí, desde la Unidad de Investigación de Economía de la Cultura (Econcult) en la Universidad de Valencia se está desarrollando una metodología que trata de valorar y medir todas las transformaciones y cambios que se produzcan. Se está trabajando en colaboración con la WDO con el objetivo de convertirlo en un estándar de evaluación para las futuras capitales del diseño. Se realizan encuestas cuatrimestrales que pulsan el interés por el diseño de la ciudadanía y se va viendo a qué grupos sociodemográficos y a qué espacios impacta más la WDC2022. También desde el Ayuntamiento se hacen encuestas mediante el barómetro municipal.
Es común encontrarse a estudiantes de diseño con la firme creencia de que el diseño puede cambiar el mundo, para luego entender que, aunque el diseño es una herramienta valiosísima, los cambios importantes entran en el territorio de la política y necesitan de ella para poder ser emprendidos. ¿Consideras necesario que el diseño entre en el territorio de la política y de las instituciones?; ¿de qué manera podría participar?; ¿qué papel debería tener?
Hasta donde yo sé, ni el diseñador tiene que ser un innovador social ni el diseño por sí solo cambiará el mundo, pero sí es una herramienta útil para el cambio si se pone al servicio de la innovación social. Totalmente de acuerdo con cómo lo expresa Óscar Guayabero:
“El diseño no tiene las soluciones, pero puede ayudar a encontrarlas, incluso puede hacer las preguntas adecuadas. La máxima dificultad es apartar la idea de que somos creadores / genios / artistas y que el mundo necesita urgentemente conocer nuestro talento. Aquí, las escuelas tienen un gran papel. Debemos defenestrar la idea de formar creativos iluminados por las musas y tenemos que hacer entender a los estudiantes que el único camino es la empatía.”
Desde luego, estamos aprovechando la capitalidad para hacer pedagogía del diseño y aspiramos a incorporarlo dentro de la Administración bajo la fórmula de consejo asesor. Del mismo modo que durante la pandemia hubo un comité de expertos en ciencia y salud que ayudó a tomar decisiones informadas, los políticos deben apoyarse en expertos cualificados para mejorar la calidad urbanística de sus espacios públicos también la calidad arquitectónica de sus edificios o de su mobiliario urbano, iluminación, señalización, etc