Peio Aguirre
Crítico de arte, comisario independiente y editor


Pilar Acón Segura
Coordinadora de la especialidad Diseño de Producto docente del departamento de proyectos







Marina Fernández Ramos
Docente del departamento de proyectos









Belén González Riaza
Jefa del departamento de relaciones internacionales. Docente del departamento de proyectos.




















Eva Iszoro Zak
Docente del departamento de proyectos














Marta Pastor Estébanez
Coordinadora del Máster en Diseño de Espacios Comerciales y docente del departamento de proyectos









Marisa Gallén
Presidenta Associació València Capital del Diseny
Alba Armada
Docente del departamento de proyectos
José María Canalejas
Docente del departamento de materiales y tecnología








Pierluigi Cattermole
Docente especialista
































José Miguel Celestino Mur
Vicedirector de la Escuela Superior de Diseño de Madrid














Ana Belén Rojo Ojados
Docente del departamento de cultura y gestión del diseño











Fernando Castro Flórez
Julia Oliet Palá
Coordinadora de la formación básica
José María Ribagorda Paniagua
Coordinador de la especialidad de diseño gráfico
Guadalupe Martín Herández
Coordinadora de la especialidad de diseño de interiores
Angelina Gallego Villegas
Coordinadora de la especialidad de diseño de moda
Estrella Juárez Millán
Coordinadora de la especialidad de diseño de producto
Adam Bresnick Hecht
Coordinador del Máster en diseño interactivo
Luis Conde Arranz
Coordinador del Máster en diseño interactivo































































Temas
Tipo
Año
Diseño y Patrimonio
Por Ana Belén Rojo Ojados
Docente del departamento de cultura y gestión del diseño

Este artículo no pretende ahondar en el debate emergente sobre qué es patrimonio y qué cambios está sufriendo este concepto en su relación con la modernidad, los procesos de digitalización, las revoluciones culturales e identitarias o los aún recientes colapsos sanitarios o económicos a nivel mundial. Todo esto afecta al patrimonio, a lo que lo define localmente y globalmente y es por esto que el debate está abierto a múltiples niveles. El lector interesado puede consultar la definición de patrimonio cultural y sus acepciones
actuales que hace la UNESCO¹ , donde, si bien es cierto, no hay una aproximación definitiva acerca del diseño como generadora de patrimonio. Esperemos que esta cuestión sea abordada con celeridad puesto que, como se expone brevemente en este artículo, el diseño se reconoce tanto por parte de la ciudadanía, las instituciones y organismos culturales y económicos, como generador de bienes que interesan cultural y socialmente (lo defino así para no equivocar el término “bien de interés cultural”, tradicionalmente vinculado al patrimonio histórico-artístico).
El ámbito educacional, la educación en patrimonio, parece no trascender del ámbito cultural tradicional (museos, conjuntos históricos, turismo cultural, bienes de interés cultural) a ojos del público interesado. El patrimonio de un lugar, una ciudad o un país, más bien se nos presenta como un conjunto de objetos, lugares, saberes o tradiciones a salvaguardar, custodiar y presentar de tal manera que genere un beneficio, económico, si puede ser. Ante este panorama, que no es estático, sino dinámico, han irrumpido los cambios tecnológicos y la ampliación de los propios conceptos de cultura y patrimonio² (Oustamanolakis, 2020) y todo lo que tiene que ver con la producción de la humanidad.
Y aquí es donde el diseño se ha revalorizado como una fértil disciplina productora de objetos, comunicación, investigación, recursos y servicios³ (Owen, 2004). Estas creaciones se ha convertido en las últimas décadas en una muestra representativa del diseño de nuestro tiempo, siendo ya presentadas en museos, galerías, exposiciones o showrooms de gran repercusión mediática y sociocultural.
Si el diseño participa de estos circuitos de representación patrimonial tradicional, ¿podemos determinar que el diseño también es patrimonio? Si disfrutamos contemplando, comprando, estudiando todos estos objetos, imágenes, indumentarias, lugares, etc. podemos entender que el diseño se deba de legitimar como generador de patrimonio y escuelas
como la ESD constituyan un ejemplo válido en el tejido del ámbito educativo y sociocultural, tanto de Madrid como del resto del país. La relación que diseño y patrimonio mantienen no sólo versa en investigar en las propias competencias del diseño y producir una buena historiografía⁴ (Campi, 2013) sino también en potenciar aquellos aspectos que articulan las relaciones de la ciudadanía con el patrimonio tradicional. Esto es, que sea ético, social, integrador, sostenible y accesible. Características que el diseño, para validarse como patrimonio, ha de contribuir a generar además del valor simbólico, humano y económico que ha de tener para que la ciudadanía, las ciudades y los territorios lo entiendan como propio y contribuyan a su respeto, conservación, difusión y deleite.
Nuestro alumnado es consciente de que se van a convertir en profesionales del diseño y van a tener que especializarse y crecer como tales en un mundo exigente que ha de ser también accesible al público general, no solo al cliente o público especializado. Es por eso que en su formación, las herramientas de conocimiento de las que disponen han de velar por que sean conscientes de las repercusiones que tienen a nivel económico, social, cultural e incluso emocional. Es por eso que la investigación académica en diseño que valoramos y
trabajamos en la ESD van orientadas a proveer al alumnado de herramientas de reflexión acerca de la historia del diseño, el arte y la cultura, con tal de que les sirva de modelo para sus futuras relaciones con actores sociales, económicos, institucionales y culturales con los que vayan a trabajar.
Como podemos constatar, en la actualidad, surge una necesidad no sólo de legitimar el diseño como patrimonio, sino también de poner el diseño al servicio del patrimonio cultural existente, tanto material como inmaterial. La ESD ha llevado a cabo proyectos educativos, trabajos de investigación, TFG y TFM donde se ha puesto interés en revalorizar objetos, paisajes urbanos, recursos gráficos locales, de indumentaria, etc. que conllevan un enfoque, desde el diseño, de la conciencia patrimonial y pretenden arrojar luz acerca de las repercusiones que tiene el patrimonio acerca de la identidad, el gusto, la preservación del conocimiento, el mercado, la economía y la cultura.
La educación se ha presentado siempre como una base esencial de la civilización moderna (Bordieu, 1979), el capital escolar⁵, que contribuye al capital cultural. Por lo que entendemos que educar en patrimonio, su conocimiento, investigación, respeto y difusión, contribuye per se a preservar, documentar la memoria, el conocimiento, y porqué no, a convertirse en un signo de nuestro tiempo. Es necesario educar en la apreciación de las preexistencias histórico-artísticas y culturales, y el diseño, como disciplina, a partir de la segunda mitad del siglo XX se convierte en generadora de producción cultural, artística y funcional.
Ambas disciplinas, diseño y patrimonio, convergen en las esferas públicas y privadas. Gozamos de una exposición de objetos cotidianos o de diseño en una galería, museo o espacio cultural. Nos adentramos en el universo de las emociones observando y custodiando los artefactos que hemos heredado de nuestras familias y que forman parte de nuestro patrimonio íntimo y personal. No por ello están exentos de las cualidades del diseño (funcionalidad, belleza y significación), puesto que conocemos el presente gracias a estos objetos, imágenes y diseños del pasado, para construir un futuro mejor. Pues ese es uno de los objetivos esenciales del diseño, diseñar para un mundo mejor, una sociedad mejor.
Esa sociedad para la cual diseñamos es cada vez más compleja, hiperconectada pero extremadamente individualista, y la profesión del diseño ha de mantenerse en ese delicado equilibrio de producir para un mercado voraz y exigente teniendo en cuenta las mutaciones culturales, sociales, identitarias y las tendencias de mercado. Observar a través del tiempo como arte, artesanía y diseño han “sorteado” estos factores con el objetivo de sobrevivir es esencial para la investigación del diseñador. No tanto extraer sentimentalismos, percepciones caducas o estilismos renqueantes, sino interpretar aquellas claves estéticas, culturales, funcionales e institucionales que han ido sobreviviendo a los cambios radicales que conformaron la mitad del siglo XX y los inicios del XXI.
Este es el reto que tiene la ESD, su comunidad docente y sus estudiantes (cursando y egresados), educar en diseño y posteriormente diseñar para una compleja red de sectores especializados que van a conllevar la producción de más productos, objetos, imágenes, lugares, entornos, tendencias, que ya desde su ideación y posterior creación, se ponen en valor como patrimonio presente pero también como un legado para el futuro.
Referencias
1 Unesco (2005). Convention on the Protection and Promotion of the Diversity of Cultural
Expressions. París: Unesco.
2 Mike, O. (2020) Why there is no “design heritage” but there is “heritage design.
3 Owen, C. L. (2004). What Is Design? Some Questions and Answers. Illinois Institute of
Technology: Institute of Design.
4 Campi, I. (2013) La historia y las teorías historiográficas del diseño. Editorial Designio – Libros de Diseño. México.
5 Bourdieu, P (1997). Capital Cultural, Escuela y Espacio Social. Siglo XXI Editores. Thompson: en Creadores de HITS. Cómo triunfan en la era de la distracción, Ed. Capitan Swing, Madrid, 2018, pp. 61-89.