Peio Aguirre
Crítico de arte, comisario independiente y editor


Pilar Acón Segura
Coordinadora de la especialidad Diseño de Producto docente del departamento de proyectos







Marina Fernández Ramos
Docente del departamento de proyectos









Belén González Riaza
Jefa del departamento de relaciones internacionales. Docente del departamento de proyectos.




















Eva Iszoro Zak
Docente del departamento de proyectos














Marta Pastor Estébanez
Coordinadora del Máster en Diseño de Espacios Comerciales y docente del departamento de proyectos









Marisa Gallén
Presidenta Associació València Capital del Diseny
Alba Armada
Docente del departamento de proyectos
José María Canalejas
Docente del departamento de materiales y tecnología








Pierluigi Cattermole
Docente especialista
































José Miguel Celestino Mur
Vicedirector de la Escuela Superior de Diseño de Madrid














Ana Belén Rojo Ojados
Docente del departamento de cultura y gestión del diseño











Fernando Castro Flórez
Julia Oliet Palá
Coordinadora de la formación básica
José María Ribagorda Paniagua
Coordinador de la especialidad de diseño gráfico
Guadalupe Martín Herández
Coordinadora de la especialidad de diseño de interiores
Angelina Gallego Villegas
Coordinadora de la especialidad de diseño de moda
Estrella Juárez Millán
Coordinadora de la especialidad de diseño de producto
Adam Bresnick Hecht
Coordinador del Máster en diseño interactivo
Luis Conde Arranz
Coordinador del Máster en diseño interactivo































































Temas
Tipo
Año
La cosa está pero que muy negra
Por Fernando Castro Flórez

“Puede tener un coche del color que quiera, siempre que sea negro”
—Henry Ford
Vivimos en un mundo acelerado, “zarandeados entre el kitsch y el shock”¹. Cuando la misma insatisfacción se ha convertido en una mercancía y el reality show fortifica la voluntad de patetismo, los sujetos consumen, aceleradamente, gatgets y los artistas derivan hacia el bricolage; incluso algunos llegan a asumir el delirio del mundo de una forma delirante². El arte contemporáneo reinventa la nulidad, la insignificancia, el disparate, pretende la nulidad cuando, acaso ya es completamente nulo: “Ahora bien la nulidad es una cualidad que no puede ser reivindicada por cualquiera. La insignificancia -la verdadera, el desafío victorioso al sentido, el despojarse de sentido, el arte de la desaparición del sentido- es una cualidad excepcional de unas cuantas obras raras y que nunca aspiran a ella”³. Acaso tengamos que levantar el “velo” de MAYA, recordando la famosa teoría del diseñador Raymond Loewy⁴, aunque sea para poner en cuestión una familiaridad tornada inquietante. Conviene tener presente que no son lo mismo las leyes de la simplicidad que estableciera el diseñador John Maeda⁵ que el drástico “método de ordenación” de Marie Kondo; a la postre el primero ha terminado dándonos consejos para “teletrabajar mejor” en su libro How to Speak Machine (2019). Todos hemos interactuado ya demasiado con el Gran Otro Cibernético, desgastados en el “mononlingüismo” de la conducción algorítimica, cuadriculados en zoom, en cierto sentido zoombificados, atrapados en “una colmena infinita y virtual”⁶
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Replegados en la cuarentena, des-movilizados por la pandemia del covid19, hemos tenido que aprender a vivir juntos de otra manera. Puede que algunos hasta sientan nostalgia o necesidad de eso sitio que Rem Koolhaas calificara como “espacio basura” (fruto del encuentro entre la escalera mecánica y el aire acondicionado en la incubadora de Pladur), ese territorio artificial que corresponde a la lógica del más es más⁷. Hemos escuchado hasta la saciedad discursos que balbucean ante el horizonte que califican de “vuelta a la normalidad”, usándose de forma extremadamente confusa el término desescalada cuando acaso solamente se esté alegorizando un batacazo tremendo o, peor, una incapacidad para empezar a afrontar lo que nos pasa. La ceguera frente a un planeta inequívocamente enfermo, paralizado por lo vírico (hechizado desde hace tiempo por la “viralización” de lo insustancial) no es meramente manifestación sintomática de un deseo de no saber (una suerte de sublimación de lo peor) sino que nuestro velamiento del colapso del Capitaloceno es una consecuencia de la incapacidad para pensar lo común o incluso diseñar lo utópico.
Hace tiempo que estamos en el búnker o en la cripta⁸, donde podríamos encontrar más que una alegoría o materialización de la libertad, una indecisión o, para ser más (psico)físico, una claustrofobia intolerable⁹. Virilio ha apuntado que, en época de globalización, todo se juega entre dos temas que son, también, dos términos: forclusión (Verwefung: rechazo, denegación) y exclusión o locked-in syndrom¹⁰. Otra alternativa es cavar una madriguera, un lugar en el que estar cobijado y, sin embargo, expuesto¹¹. El confinamiento pandémico ha convertido a los balcones y a las ventanas en los espacios fundamentales de la “expresión pública” (los aplausos ritualizados de agradecimiento a las “cadenas de cuidados” o la expresión del desacuerdo político en forma de charivaricacerolada) pero también puede que haya generado una singular idiorritmia (en el anómalo “monacato” global) que, como propusiera Roland Barthes, podría llevarnos a pensar en la necesidad de reinventar la delicadeza. Entre las últimas anotaciones del curso que impartió cuando se hizo cargo de la cátedra de semiología de la literatura en el Collège de France, se encuentra una defensa de la delicadeza a la que llega a calificar como el “Soberano Bien”: “Delicadeza querría decir: distancia y consideración, ausencia de peso en la relación y, sin embargo, calor vivo de esa relación. El principio sería: no manejar al otro, a los otros, no manipular, renunciar activamente a las imágenes (de unos, de otros), evitar todo lo que pueda alimentar el imaginario de esa relación”¹².
Entre las múltiples razones por las que se ha desplegado el “aceleracionismo”¹³ no son las menos importantes las patologías sociales surgidas de distorsiones sistemáticas de las condiciones de comunicación. “En la edad de la globalización y la “u-topicalidad” de la red, cada vez más se concibe el tiempo como capaz de comprimir, o aún de aniquilar el espacio”¹⁴. El espacio se “contrae” virtualmente por efecto de la velocidad del transporte y de la comunicación. Sabemos que siempre hay algo fuera de un medio. Cada medio construye una zona correspondiente de inmediatez, de lo no mediado y transparente en contraste con el propio medio. De las ventanas de los edificios hemos pasado a las del ordenar, de las formas de habitar a la computación¹⁵, en una mutación de aquello que vemos “afuera” pero también en un complejo juego de transparencia y opacidad. La (presunta) era del acceso no es otra cosa que una economía de las experiencias (pretendidamente) “auténticas”¹⁶. Acaso nuestra “aceleración” no sea otra cosa que un empantanamiento sedentario en el catálogo ubicuo de la “teletienda” en un tiempo que es manifiestamente complejo o, sencillamente, desquiciado¹⁷.
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Como advirtiera Durkheim, en torno a la división del trabajo en el capitalismo, si nos especializamos, no es por producir más, sino para poder vivir en condiciones nuevas de existencia que nos han sido dadas. Parece que nos hemos vuelto unos “devotos emprendedores” que estamos dispuesto a comulgar con las “ruedas de molino” de la disrupción, hechizados por el mantra del capitalismo neoliberal como materialización sublime de la “destrucción creativa”¹⁸. Tenemos la amarga conciencia de que the time is out of joint¹⁹ . Es como si de la energía revolucionara que propuso hace un siglo la Bauhaus solamente nos quedara el “bricolaje” de IKEA (esa forma cutre-minimalista que pretende “redecorar tu vida”) o el amargo emblema del cuadrado negro de Malevich que no era otra cosa que un melancólico modo del nihilismo (la consciencia de que el desierto será la ciudad del futuro). Somos, en plena catástrofe pandémica, “sloanistas inconscientes”, esto es, la idea de la obsolescencia programada²⁰. nos atraviesa: ahora es el propio ser humano el que aparece como un desperdicio.
Si como advirtiera el profesor de diseño industrial Paul Hekkert, “todos los seres humanos buscan la familiaridad”²¹, también podríamos sugerir que nos fascina lo siniestro o, mejor, podemos sentir (ocasionalmente) la potencia de lo inquietante. A veces hay que ir contra lo “aceptable”, aunque sea diseñar algo diferente que no nos lleve a la “inercia polar” o al desastre sin asideros. Puede que el truco, como apunta Derek Thompson, sea enmarcar las nuevas ideas como versiones ajustadas de algunas viejas, mezclando un poco de fluidez con un poco de disfluencia, para que el público descubra la familiaridad detrás de la sorpresa. En realidad, amamos la complejidad²². La disfluencia es como una alarma muy sutil que taladra la calma del procesamiento automático y provoca niveles más altos de atención. A veces no se trata de buscar la simplicidad o encontrar el placer en lo complejo sino de estar literalmente agotados o ni siquiera atreverse a fracasar mejor (por repetir la “fórmula” beckettiana). Somos, en cierto sentido, perfectos ejemplos del tsundoku, amontonando libros, descargando archivos, suscribiéndonos a plataformas que no vamos a leer ni ver. Nos basta con inscribirnos en enero en un gimnasio para luego no hacer ni media hora de bicicleta estática. Para gustos, valga el topicazo, colores. Pero que lo que nos conduce sea, como el destino, negro. Tendremos que imaginar, pensar y, sobre todo, diseñar algo diferente.
Referencias
1 Antón Patiño: Todas las pantallas encendidas, Ed. Fórcola, Madrid, 2017, p.11.
2 Cfr. Jean Baudrillard: “Shadowing the world” en El intercambio imposible, Ed. Cátedra, Madrid, 2000, p. 153.
3 Jean Baudrillard: “El complot del arte” en Pantalla total, Ed. Anagrama, Barcelona, 2000, pp. 211-212.
4 Loewy desarrollo su teoría de MAYA (Most Advanced, Yet Acceptable) para subrayar que la gente gravita en torno a productos que son llamativos, pero inmediatamente comprensibles, cfr. su libro Lo feo no se vende, Ed. Iberia, Madrid, 1955. Cfr. Dereck Thompson: en Creadores de HITS. Cómo triunfan en la era de la distracción, Ed. Capitan Swing, Madrid, 2018, pp. 61-89.
5 En su libro Las leyes de la simplicidad, publicado en 2006, Maeda habla de reducir, organizar, ahorrar tiempo, aprender, asumir las diferencias, contextualizar, generar emociones, confiar en la simplicidad, aceptar el fracaso en la consecución de esa anhelada simplicidad y la que llama “ley única” que consiste en “sustraer lo que es obvio y añadir lo específico” (John Maeda: Las leyes de la simplicidad. Diseño, tecnología, negocios, vida, Ed. Paidos, Barcelona, 2010, p. 89).
6 Jorge Carrión: Lo viral, Ed. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2020, p. 171.
7 “El espacio basura es como estar condenado a un jacuzzi perpetuo con millones de tus mejores amigos… Es un enmarañado imperio de confusión que funde lo elevado y lo mezquino, lo público y lo privado, lo derecho y lo torcido, lo atiborrado y lo famélico, para ofrecer un mosaico ininterrumpido de lo permanentemente inconexo” (Rem Koolhaas: Espacio basura, Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 2007, p. 11.
8 “El fenómeno de la incorporación críptica, descrito por Abraham y Torok, ha sido revisado por Jacques Derrida en el texto F(u)ori, en el cual arroja luz sobre la singularidad de un espacio que se define al mismo tiempo como externo e interno: la cripta es, por tanto, “un lugar comprimido en otro pero de ese mismo rigurosamente separado, aislado del espacio general por medio de paredes, un recinto, un enclave”: ese es el ejemplo de una “exclusión intestina” o “inclusión clandestina”” (Mario Perniola: L’arte e la sua ombra, Ed. Einaudi, Turín, 2000, p. 100).
9 “La disponibilidad general causará una claustrofobia intolerable; el exceso de opciones será experimentado como la imposibilidad de elegir; la comunidad participatoria directa universal excluirá cada vez con más fuerza a aquellos incapacitados de participar. La visión del ciberespacio abriendo la puerta a un futuro de posibilidades infinitas de cambio ilimitado, de nuevos órganos sexuales múltiples, etc., etc., oculta su opuesto exacto: una imposición inaudita de cerrazón radical. Entonces, esto es lo Real que nos espera, y todos los esfuerzos de simbolizar esto real, desde lo utópico (las celebraciones New Age o “deconstruccionistas” del potencial liberador del ciberespacio), hasta lo más oscuramente distópico (la perspectiva del control total a manos de una red computerizada seudodivina…), son sólo eso, es decir, otros tantos intentos de evitar el verdadero “fin de la historia”, la paradoja de un infinito mucho más sofocante que cualquier confinamiento actual” (Slavoj Zizek: El acoso de las fantasías, Ed. Siglo XXI, México, 1999, p. 167).
10 “El locked-in syndrom es una rara patología neurológica que se traduce en una parálisis completa, una incapacidad de hablar, pero conservando la facultad del habla y la conciencia y la facultad intelectuales perfectamente intactas. La instauración de la sincronización y del libre intercambio es la comprensión temporal de la interactividad, que interactúa sobre el espacio real de nuestras actividades inmediatas acostumbradas, pero más que nada sobre nuestras mentalidades” (Paul Virilio en diálogo con Sylvère Lotringer: Amanecer crepuscular, Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 2003, p. 80).
11 La madriguera es uno de los últimos textos de Kafka: “La intrincada arquitectura de la madriguera, con sus pasajes laberínticos y sus entradas verdaderas y falsas, los problemas de esconderse y huir, de pasar del interior al exterior: todo esto brinda el paradigma perfecto de lo que Lacan estaba buscando. La madriguera es el lugar donde se supone que uno está a salvo de todo peligro, bien cobijado en su interior, pero lo que demuestra este cuento es que en el refugio más íntimo uno se halla íntegramente expuesto: el interior se halla intrínsecamente fundido con el exterior. Pero esta estructura no se relaciona sólo con arquitecturas y con la organización del espacio, sino que concierne a “algo que existe dentro del más íntimo de los organismos”, su organización interna y su relación con el exterior” (Mladen Dólar: Una voz y nada más, Ed. Manantial, Buenos Aires, 2007, p. 195).
12 Roland Barthes: Cómo vivir juntos. Simulaciones novelescas de algunos espacios cotidianos. Notas de cursos y seminarios. Collège de France, 1976-1977, Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 2003, p. 189.
13 “Entre los factores clave para el desarrollo de la nueva forma de aceleracionismo que encontramos aquí está la aventura fármaco-socio-sensorialtecnológica colectiva de la cultura rave y la simultánea invasión de los hogares por las tecnologías mediáticas (VCRS, videojuegos, computadoras) y la inversión popular en ciencia ficción ciberpunk distópica, que incluye la trilogía de William Gibson Neuromante y los films Terminator, Predator y Blade Runner (que se convirtieron en “textos” claves para estos autores)” (Armen Avanessian y Mauro Reis: “Introducción” en Armen Avanessian y Mauro Reis (comps.): Aceleracionismo. Estrategias para una transición hacia el postcapitalismo, Ed. Caja Negra, Buenos Aires, 2017, p. 26).
14 Hartmut Rosa: Alienación y aceleración Hacia una teoría crítica de la temporalidad en la modernidad tardía, Ed. Katz, Buenos Aires, 2016, p. 23.
15 “La ventana era, por supuesto, un medio por derecho propio, dependiente de la aparición de las tecnologías adecuadas de laminado de vidrio. Las ventanas son quizás uno de los inventos más importantes en la historia de la cultura visual, abriendo la arquitectura a las nuevas relaciones entre lo interno y lo externo, y replanteando el cuerpo humano, por analogía, en espacios interiores y exteriores, de manera que los ojos son las ventanas del alma. Las orejas son porches y la boca está adornada con puertas perladas. Desde el enrejado de la ornamentación islámica y las vidrieras de la Europa medieval, pasando por los escaparates, las galerías comerciales modernas y los flanerie hasta las ventanas de la interfaz de usuario de Microsoft, la ventana es cualquier cosa menos una entidad transparente, obvia o no mediada” (W.J.T. Mitchell: ¿Qué quieren las imágenes?, Ed. Sans Soleil, Vitoria, 2017, p. 271).
16 “La nueva cultura del hipercapitalismo –apuntaba Jeremy Rifkin en el año 2000- donde todo en la vida es pagar por experiencias, que describe la compra y venta de experiencias humanas [en] ciudades temáticas, en los desarrollos basados en intereses comunes, en los centros destinados al entretenimiento, en los shopping malls, en el turismo global, en la moda, la cocina, los deportes y los juegos profesionales, las películas, la televisión, la realidad virtual y [otras] experiencias simuladas”. Rifkin advertía que si la era industrial alimentó nuestro ser físico, la Era del Acceso le da de comer a nuestro ser mental, emocional y espiritual: “Mientras que lo que caracterizó a la era que acaba de terminar fue el control del intercambio de bienes, el control del intercambio de conceptos caracteriza a la era que está llegando. En el siglo XXI las instituciones comercian cada vez más con ideas, y la gente, a su vez, compra cada vez más el acceso a esas ideas y a las encarnaciones físicas en las que están contenidas” (Jeremy Rifkin: La era del acceso. La revolución de la nueva economía, Ed. Paidós, Barcelona, 2013, p. 48).
17 “Pero, ¿qué es “nuestro tiempo”?¿Es el mundo del terrorismo post 11-S y de las incipientes formas de neofascismo, desde los talibanes al nuevo imperialismo americano?¿Es la era de la posmodernidad o de una modernidad (como argumenta el filósofo y antropólogo Bruno Latour) que podría no haber existido nunca?¿Es un tiempo definido por los nuevos medios y las nuevas tecnologías, una era de la “reproductibilidad biocibernética” que sucede a la “reproducción mecánica” de Walter Benjamin, el “mundo de cables” de Marshall McLuhan que desplaza el tiempo en el que uno podía decir la diferencia entre una máquina y un organismo?¿Es el momento en el que nos nuevos objetos del mundo produce nuevas filosofías del objetivismo y las viejas teorías del vitalismo y del animismo parece (como las formaciones fósiles) adoptar nuevas vidas?” (W.J.T. Mitchell: ¿Qué quieren las imágenes?, Ed. Sans Soleil, Vitoria, 2017, p. 214).
18 “El credo de la innovación digital pronto se transformó en una insistencia en la “disrupción” y en una obsesión por la velocidad, campañas todas ellas impulsadas bajo la bandera de la destrucción creativa. Esa fatídica expresión acuñada en su día por el economista evolutivo Joseph Schumpeter fue utilizada como un modo de legitimar aquello que en Silicon Valley se conoce eufemísticamente como innovación sin permiso. […] Pero, de hecho, el análisis original de Schumpeter era mucho más matizado y complejo de lo que esta retórica contemporánea de la destrucción puede dar a entender. Aunque Schumpeter concebía el capitalismo como un proceso “evolutivo”, también consideraba que solo un número relativamente reducido de sus continuas innovaciones adquirían realmente un rango de significación propiamente evolutiva. Para Schumpeter, la creación destructiva era un desafortunado subproducto de un proceso largo y complejo de cambio creativo sostenible. “El capitalismo —escribió— crea y destruye”. Schumpeter se mostró siempre firme a este respecto: “La respuesta creativa da forma a toda la trayectoria de acontecimientos subsiguientes y al resultado “a largo plazo” de estos. […] La respuesta creativa cambia las situaciones sociales y económicas para siempre. […] De ahí que la respuesta creativa constituya un elemento esencial del proceso histórico: ningún credo determinista sirve de nada frente a la realidad”. Por último, y al contrario de lo que hoy proclama la retórica de Silicon Valley y su culto a la velocidad, Schumpeter sostenía que la verdadera mutación requiere paciencia” (Shoshana Zuboff: La era del capitalismo de vigilancia. La lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder, Ed. Paidós, Barcelona, 2020, pp. 75-77).
19 “Contra-tiempo. The time is out of joint. Habla teatral, habla de Hamlet ante el teatro del mundo, de la historia y de la política. La época está fuera de quicio. Todo, empezando por el tiempo, parece desarreglado, injusto o desajustado. El mundo va muy mal, se desgasta a medida que envejece, como dice también el Pintor en la apertura de Timón de Atenas (tan del gusto de Marx, por cierto)” (Jacques Derrida: Espectros de Marx. El estado de la deuda, el trabajo del duelo y la nueva internacional, Ed. Trotta, Madrid, 1995, p. 91).
20 Alfred Sloan fue director ejecutivo de General Motors y, en esa empresa, planteó que al cambiar el estilo y el color de un coche cada año, los consumidores podrían ser condicionados para desear nuevas versiones del mismo producto. Esta visión, que supone enlazar la ciencia de la eficacia en la fabricación con el marketing, inspiró la idea de la “obsolescencia programada”.
21 “Paul Hekkert, profesor de Diseño Industrial y Psicología, recibió hace varios años una beca para desarrollar una gran teoría de por qué la gente le gusta lo que le gusta, una Teoría Estética Unificada. La gran teoría de Hekkert empieza con dos fuerzas evolutivas que compiten. Por un lado, todos los seres humanos buscan la familiaridad, porque nos hace sentir seguros. Por otro lado, las personas anhelan la emoción de los desafíos, alimentada por una voracidad pionera. […] Tienen una curiosidad radical mezclada con una mentalidad conservadora” (Derek Thompson: Creadores de HITS. Cómo triunfar en la era de la distracción, Ed.Capitán Swing, Madrid, 2018, p. 65).
22 “El hecho de que las personas graviten en torno a la fluidez en el arte y el diseño no es excusa para caer en simplificaciones bobas. La idea central de MAYA es que en realidad la gente prefiere la complejidad, hasta el punto de que deja de entender algo” (Derek Thompson: Creadores de HITS. Cómo triunfar en la era de la distracción, Ed. Capitán Swing, Madrid, 2018, p. 88). John Maeda advierte, en el capítulo dedicado a la 9 Ley de la Simplicidad que es la dedicada al “fracaso”, que “la complejidad y la simplicidad son dos cualidades simbióticas” (John Maeda: Las leyes de la simplicidad. Diseño, tecnología, negocios, vida, Ed. Paidós, Barcelona, 2018, p. 84).