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Tipo

Artículos,Entrevistas,Proyectos

Año

2019,2020,2021,2022

Diseño sostenible y ecodiseño

Por José María Canalejas

Docente del departamento de materiales y tecnología

José María Canalejas

Cualquier reflexión sobre ecodiseño en el contexto actual supone hacer frente a dos retos importantes:

1.Evitar los lugares comunes y mantras repetidos hasta la saciedad sobre las “prácticas sostenibles”.

2.Huir del discurso apocalíptico que anuncia un final inevitable e inminente y paraliza cualquier intento de búsqueda de caminos que nos permitan avanzar con la mirada puesta en el futuro.

Ambas cuestiones, la vía sostenible que preconiza soluciones basadas en la sustitución de los materiales y procesos convencionales por otros alternativos más ecológicos, y la profecía del colapso son, en realidad, caras de la misma moneda y persiguen el mismo objetivo: no cambiar nada. O mejor, no alterar lo sustancial: el sistema económico y el modo de vida asociado a él.

Un análisis superficial puede hacernos pensar que la primera sí pretende introducir modificaciones ambiciosas, pero basta profundizar mínimamente en las medidas propuestas para que se evidencie que ninguna de ellas cuestiona la premisa fundamental del credo neoliberal: el crecimiento.

De la muy conocida regla de las tres erres (reducir, reutilizar, y reciclar) propuesta por la organización no gubernamental Greenpeace y que Japón defendió durante la cumbre del G8 en 2004, la sociedad industrial ha incorporado sin problema las dos últimas (no ponen en cuestión el fondo de la producción y el consumo, tan solo la forma) pero no así la primera y más importante de las tres: reducir.

El discurso centrado en el abismo al que nos aproximamos ofrece por su parte un relato abrumador que solo deja margen para la resignación. Fomenta así el inmovilismo en quienes, conociendo y aceptando los problemas ambientales y sociales, se niegan a modificar su comportamiento por considerarlo irrelevante frente a la magnitud de lo que sería necesario cambiar. ¿Cómo podemos abordar entonces la sostenibilidad desde una perspectiva que posibilite un cambio profundo partiendo de un análisis riguroso y realista pero esperanzador?

1_Los árboles

“Importa qué materias usamos para pensar otras materias; importa qué cuentos contamos para contar otros cuentos; importa qué nudos anudan nudos, qué pensamientos piensan pensamientos, qué ataduras atan ataduras, importa qué historias hacen mundos, qué mundos hacen historias”.

Donna Haraway, Staying with the Trouble (2016)

El primer paso pasa por comprender que todo lo que pensamos y producimos nace como expresión, consciente o inconsciente, de nuestra forma de entender el mundo. El segundo es aceptar que lo que pensamos y producimos refuerza a su vez esa forma de percibir lo que nos rodea. Aquí radica el enorme desafío que tenemos por delante.

Un ejemplo que ilustra bien este fenómeno lo encontramos en los hoy omnipresentes algoritmos. Se alimentan de data alojada en miles de servidores para ofrecernos una experiencia de navegación inteligente. Predicen nuestro comportamiento y condicionan los motores de búsqueda. Terminan por elegir lo que nos gusta y evitan el encuentro con lo diferente, incómodo o, simplemente, inesperado. De esta manera, impidiendo que cada uno de nosotros pueda construir un criterio propio que tome en cuenta diversos puntos
de vista, refuerzan el llamado “sesgo de confirmación”, esa tendencia a buscar, favorecer y recordar solo aquella información que reafirma nuestras propias creencias.

Para hacer frente a problemas como la pérdida de biodiversidad, la desestabilización de los ciclos bioquímicos de la tierra, la contaminación, la pobreza o la injusticia social generadas en la sociedad industrial tenemos que emplear una lógica diferente a la que generó dichos problemas. Por ejemplo: la alternativa a los vehículos de combustión no debe pasar solo por sustituir éstos por coches eléctricos sino por repensar también las ciudades, la forma de habitar y de trabajar, los desplazamientos que hacemos o las distancias que
recorremos diariamente. Continuar viviendo de la misma forma, pero utilizando un automóvil eléctrico en lugar de uno de combustión no soluciona el problema, solo lo traslada.

2_El bosque

“Hasta que los diseñadores no cambien a una cosmovisión más holística, el diseño continuará siendo parte del problema y no de la solución”.

 

Terry Irwin, Transforming the Design process to Create Better Solutions (2012)

¿Es posible entonces habiendo sido educado dentro de una lógica, desarrollar y aplicar otra? La respuesta es: rotundamente sí. Veamos tres ejemplos de pensamiento crítico planteados por tres mujeres que escapan a los parámetros de la sociedad de su época:

Rachel Lousie Carson fue una bióloga marina estadounidense que puede considerarse la precursora de la moderna conciencia ambiental. En 1962 publicó Primavera silenciosa, una obra capital que denunciaba el uso indiscriminado de los pesticidas en la agricultura industrial y el peligro que estos suponían para el medio ambiente y las personas. ¿Cómo llegó a esta conclusión? Porque paseando por el campo se percató de que éste permanecía en silencio. Ese fue el comienzo de su investigación. No se escuchaban los sonidos de insectos y pájaros porque habían muerto.

La antropóloga Margaret Mead nacida también, como la anterior, en Estados Unidos consideró que la primera evidencia de civilización no venía dada por el hallazgo de elementos para producir fuego, o de herramientas como el arado, utensilios de piedra tallada o recipientes cerámicos, sino de un fémur roto que se había curado. Ese hueso demostraba que alguien se había quedado con la persona que se lo rompió, había vendado la herida, le había llevado a un lugar seguro y la había ayudado a recuperarse. Ayudar a alguien en las dificultades era el punto donde comenzaba la civilización para Margaret Mead.

Suzanne Simard, ecóloga forestal de la Universidad de Columbia Británica en Vancouver, Canadá, publicó en 1997 parte de su tesis doctoral en la revista Nature en la que estudiaba cómo las plantas interactuaban entre sí. Ha dedicado su vida al estudio de esa interacción y en sus textos describe cómo los árboles, que nosotros percibimos sólo en su parte aérea, forman un complejo mundo subterráneo bajo el suelo en el que las micorrizas, (una simbiosis entre algunos hongos y las raíces), les sirven para comunicarse entre ellos. A través de ellas se transfieren nutrientes, se “avisan” de potenciales peligros, como los incendios, y se cuidan unos a otros. Visto así un bosque no es ya solo un conjunto de árboles, una mera suma de individualidades, sino un organismo en sí.

¿Quién de nosotros se definiría a sí mismo como la suma de un cerebro, dos pulmones, un corazón, dos riñones…? ¿Por qué entonces percibimos la realidad que nos rodea de forma segmentada? ¿Por qué vemos solo árboles y tenemos tantas dificultades para entender el bosque? Pensar la sostenibilidad es pensar lo sistémico.

3_El diseño

“Diseñar para la sostenibilidad no solo requiere el rediseño de nuestros hábitos, de nuestros estilos de vida y de nuestras prácticas, sino también de la manera en la que pensamos sobre diseño”.

Daniel Wahl y Seaton Baxter, The Designer´s Role in Facilitating Sustainable Solutions (2008)

La asignatura de ecodiseño aparece por primera vez en el DECRETO 34/2011 por el que se establece el Plan de Estudios para la Comunidad de Madrid de las enseñanzas artísticas superiores de Grado en Diseño. Se trata de una asignatura de Formación Básica que se imparte en el segundo semestre del primer curso dentro de la materia Ciencia aplicada al diseño.

En los diez años transcurridos desde entonces el planteamiento de la misma ha variado sustancialmente acompañando los cambios ambientales y sociales que han tenido lugar en este tiempo. La velocidad de los mismos es tal que el planeta del 2021 es muy diferente al del 2011.

Si inicialmente se ponía el acento en la sensibilización hoy lo hacemos en la necesidad de incorporar un pensamiento sistémico al diseño, aunque lo deseable sería extender esta metodología al resto de asignaturas. Así los alumnos podrían integrar más fácilmente esta forma de pensar en el proceso de creación del diseño y no la percibirían como un aspecto más que puede ser tenido en cuenta o no. ¿Qué debería plantearse según esto el ecodiseño hoy en día? Algunas de las preguntas profundas que, según David W. Orr, debería poder responder todo diseño ecológico serían:

“¿Necesitamos realmente este nuevo diseño?

¿Es ético producir, comercializar y consumir el nuevo diseño de la manera prevista?

¿Qué impacto tiene el diseño en la comunidad que lo produce o utiliza?

¿Es realmente seguro crear y usar el diseño propuesto?

¿Es justo (contribuye a una mayor igualdad social, económica y ecológica sin ninguna forma de explotación)?

¿Está diseñado para poder ser reparado y poder ser reutilizado durante un largo período de tiempo?

¿Cuál es el coste total durante su vida útil en términos de capital social, ecológico y económico?

¿El nuevo diseño ofrece realmente una mejor manera de cubrir ciertas necesidades que los diseños existentes ya
cubren?”.

David W. Orr, The Nature of Design-Ecology, Culture, and Human Intention (2002)

No quiero terminar sin hacer referencia, en el marco de esta forma de pensamiento, a la puesta en valor de la cooperación en lugar de la competición. La visión de esta última como vertebradora del mundo natural es fruto del desconocimiento y la percepción segmentada a la que ya hemos hecho referencia. Si hay que buscar una ley general presente en los procesos naturales esta es, sin duda, la cooperación. De ahí la apuesta que, desde la sostenibilidad, debemos hacer por la educación para la vida colectiva en lugar de para el éxito individual. Sin olvidar que lo colectivo incluye también a todas las demás especies del planeta.

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